De Barcelona a Bali

Bali desde el aviónMudarse en cualquier parte del mundo ya es sinónimo de locura y no me refiero más que a mudarte a tres calles o al barrio de al lado o si me apuras y ya quieres rozar el modo ‘alguien voló sobre el nido del cuco’ mudarte a otra ciudad de tu mismo pais, para esto último hay gente que incluso se toma vacaciones y la verdad, no les culpo, porque no me extraña, para nada.

Ahora imagina que te mudas a la otra punta del mundo, o casi…

Porque sí, estás harto de Barcelona, de ser un urbanita, de no tener forma humana de disfrutar de un restaurante si eres vegano y comes todo ecológico, si además le añades que a los treinta y cuatro ya tienes un hijo de tres y que desde que nació, en la noche te ven más bien poco los guiris y barceloneses fiesteros de pro, es evidente que llega un día en que te preguntas:

-¿Qué coño hago yo aquí?.

Como la respuesta es nada y aunque tú también eres de esa mayoría que se preguntan cosas trascendentes y al saber la respuesta, giran la cabeza esperando que en Mujeres, Hombres y Viceversa estén peor para así regocijarse y olvidar la respuesta, no la olvidas y al final decides apuntar a tu hijo a la escuela más verde de toda Indonesia, probablemente del mundo entero y tomar junto a tu mujer rumbo a Bali, sí, del pleno centro del Eixample, de la ‘mejor calle’ de Barcelona, de Enric Granados que es peatonal y que bonitas son sus terrazas a Ubud, donde los gallos campan a sus anchas, donde los perros son como gatos y van y vienen solos de sus casas y donde conducir es misión para gente valiente, realmente valiente.

Y así es como después de 24 horas de viaje en las que tu hijo te da una lección sobre como mantener la compostura en un avión, llegas a esa diminuta isla de la que no conoces nada más que los típicos tópicos, léase Callejeros Viajeros o Españoles en el Mundo, dispuesto a empezar una nueva vida, dispuesto a aprender Bahasa Indonesia, dispuesto a disfrutar de la naturaleza, ¡error!, la naturaleza es la que va a disfrutar de tus 34 años de vida en grandes urbes donde lo más fiero que has visto es una cucaracha, hermana muy pequeña de las que te vas a encontrar aquí.

Y esa es la realidad, la cruda realidad, es que la casa que habías alquilado en Airbnb, en medio de los arrozales, con su cocina abierta, hecha de madera ecológica, situada en la area de Peliatan, cerquita del centro de Ubud, se va a convertir en tu wake up call, un despertar protagonizado por dos gatos, un perro, una araña de seis patas, una cucaracha del tamaño de una rata, una rata por si la cucaracha no fuera suficiente y mosquitos tan sedientos de sangre que hasta los vampiros les rinden pleitesía, pero eso, eso es otra historia.