Dos gatos, un perro, una rata, una cucaracha, millones de mosquitos y la araña de seis patas.

Lo primero que haces cuando te quieres mudar a otro país del que no conoces nada es intentar informarte, ya sea vía internet o bien gracias a gente que ya vive allí, sobre la zona que más te puede interesar a priori para vivir.

Por su movimiento en comida orgánica, yoga y arte, Ubud parecía el sitio ideal para mi y mi familia y así fue como decidimos que nuestro destino directo desde Barcelona sería Ubud, para intentar encontrar una casa y establecernos ahí, al menos un mes antes del inicio de clases en Greenschool.

Dicho y hecho, la maravillosa idea que rondó nuestras cabezas fue alquilar una casa en Airbnb para pasar un mínimo de dos semanas y mientras tanto visitar propiedades de alquiler a largo plazo, para así tener casa por un año en lo que viene siendo tiempo récord, ¡primer error!.

Así que después de mirar y remirar todas las casas en la zona Ubud de Airbnb nos decidimos por una preciosa casa en la zona de Peliatan, hecha con madera ecológica, con jardín y con algo muy típico en Bali, la cocina y el comedor abiertos, es decir sin poder cerrarlos por la noche, ¡segundo error!.

No puedo negar que las fotos de la casa eran increíbles, un sueño hecho realidad, así como la descripción de la dueña e incluso los emails que crucé con ella durante una semana pactando el precio.
No puedo negar tampoco que el fotógrafo debía ser mínimo Annie Leibovitz y que la dueña de la casa era sin duda una experta en marketing, porque después de casi 24 horas de viaje, cuando llegamos a la casa, efectivamente aquella estructura recordaba un poco a lo que yo había visto en Airbnb pero no era ni el 10% de lo esperado.

Da igual pensé, no es nuestra casa para siempre, sólo debemos estar aquí el tiempo suficiente para encontrar una casa que realmente nos guste, así que habrá que tomárselo como algo eventual y ver la parte positiva, así que cansados pero con ánimo fuimos a dar nuestro primer paseo en Bali, a conocer Peliatan y yo, sinceramente, no se si lo conocéis o no, pero si alguna vez venís a Bali podéis evitar el mal rato de ver una zona triste, sucia, llena de mierda y plástico donde no hay absolutamente nada más que ver que campos de arroz feos y sin cuidar y basura. Apuntad, o más bien tachad, Peliatan ¡tercer error!.

Ya de vuelta a casa y casi llegando las 7 de la tarde el jetlag avisaba: – Eh! Estoy aquí. – y Alan caía en el más profundo de los sueños, lo llevé a la cama donde íbamos a dormir los tres, eché de la zona de dormir a los dos gatos y el perro de la dueña de la casa, nosotros no estamos acostumbrados a dormir con mascotas y menos las mascotas de un tercero y me dispuse feliz a dormir. Dormir, que utopía, que sobrevalorado está dormir, esa noche mi mujer y yo dormimos como mucho quince minutos y yo no se si el estar sin dormir más de 30 horas seguidas produce alucinaciones, diría que no, pero lo de esa noche, si no fue una alucinación fue una broma de mal gusto, el ‘wake up call’ de tu vida, del – que suerte tienes que te vas a vivir al paraíso – al – madre mía del amor bendito donde cojones me he metido y porqué he vendido todo lo que tenía en Barcelona… – en tan sólo unas horas de oscuridad, unas horas en las que entendiste porqué la dueña de la casa tenía dos gatos y un perro, porqué el perro no dejaba de llorar y rascar en la puerta para entrar, entendiste que los gatos saben todos los huecos de la casa y después de echarles de la cama cinco veces desististe en tu empeño y pensaste ok, donde duermen tres pueden dormir cinco.

Pero hasta ese momento en que casi dejas entrar al perro, saludaste en el cuarto de baño una cucaracha que deja en ridículo las de Mimic de Alejandro del Toro, luchaste contra un batallón de mosquitos que se mearían en la boca de los mosquitos de Barcelona después de haberle chupado la sangre a toda tu familia de una sola sentada, descubriste que lo que tu mujer pensaba que era una mariposa en la mosquitera en realidad era una araña del tamaño de un puño, entendiste que no es que la araña hubiera luchado en más batallas que Khal Drogo y por eso tenía seis patas, sino que era una araña de seis patas y desististe en tu empeño de pensar que más puede pasar cuando viste correr una rata de campo de lado a lado de la habitación, llegando a creer que la rata quizás con suerte se podría comer la araña.

Y así pasamos la primera noche, sentados, con los ojos como platos, pegados espalda contra espalda con mi mujer, defendiendo la cama, la jungla de cristal en una cama queen size con mosquitera; mientras Alan dormía 12 horas y superaba el jetlag ese mismo día.

Efectivamente a la mañana siguiente nos mudamos a un hotel. Siguiente parada, Tjampuhan Hotel Spa.